West World - y el significado de la Vida.


Es curioso haber visto esta serie, que llegara a mis manos, justo después de ver Solaris. Pues estando sentada, viéndola, me di cuenta de que... ambas tratan, de cierta forma, de lo que es ... la vida.

West World transcurre en un parque temático de vaqueros, en un futuro lejano, imagino, en el que la gente rica va a este lugar para vivir la experiencia del oeste americano. El parque está lleno de historias y personajes, dichas historias las provocan los anfitriones, que son robots o seres diseñados por los hombres y cuya particularidad consiste en que les borran la memoria cada dos por tres y en que no pueden herir a los humanos. 

No ocurre así a la inversa. Es decir, los humanos les hacen lo que quieren. Obviamente, la idea es escandalizar para que te tomes la serie en serio (casi suena redundante) así que el primer capítulo muestra un Ed Harris malo malísimo. Como yo tengo especial cariño a este actor pues me extrañó. Y alguien me dijo: "Tienes que verla. Te va a encantar". Pero han pasado meses hasta que la he conseguido. He visto tres capítulos (bueno, en realidad estoy a mitad del tercero) y se presiente la tragedia. Los "anfitriones" evolucionan, tienen gestos no programados, ensueños, recuerdos...

La estaba viendo intentando desvelar quién era cada personaje (qué papel iba a ocupar) dándome cuenta de que el truco es que existen cientos de posibles giros de argumento, posibles traidores, posibles desenlaces y con los datos disponibles ... caben todas las soluciones. Y en esas estaba, soslayando el dilema moral, hasta que la chica se despierta en el quirófano (la que hace de madame).

Y en ese momento tuve un punto de inflexión. 

Hasta el momento había pensado: "Esta serie me dice que todo el mundo es malo en ausencia de reglas. Y eso no es verdad". Pensamientos fugaces, ideas... intentar discernir lo que me está contando (lo que hay detrás) pero en la escena del quirófano me dije:

"Ya está. No es lícito".
(¿Por qué?) me preguntó, sin palabras, mi pensamiento. 
"Porque está sintiendo" contesté mentalmente. 

La cara de la mujer era un poema. Era una cara de sufrimiento, de miedo, de espanto...una reacción muy humana.

(se habrán equivocado... es un robot)
"Me da lo mismo si es un robot o no lo es. Está sintiendo. No es lícito"
(el papel lo encarna un humano... no lo mires como humano. Imagina que se han equivocado)
"¡Pues es un error importante! ¿Siente?" me pregunté "¿siente de verdad? ¡El parque no es lícito!".

Y ahí me quedé. Con un "¿por qué?" como eco en mi cabeza.

Y el asunto se me olvidó. Uno de los personajes se vuelve hiper sanguinario. Y al cometer un acto terrible, el parque le recompensa. "Lo acaba de refutar" pensé, mirando a la niña que es protagonista en esa escena: "hace eso y le recompensan... ese parque implica violencia" (para subir de nivel). 

Tenéis que entender que con lícito me refería a ... permisible desde el punto de vista moral. Es que me hace gracia que usara la palabra "lícito". Es o no es lícito el parque. Dos capítulos con esa idea en la cabeza.

Hoy regresaba conduciendo y de pronto regresó la reflexión.

¿Por qué no es lícito el parque?

Pero esta vez tenía la respuesta:

"¿Qué distingue a los seres vivos de los que no lo son? Vi en un reportaje que un científico decía que la materia, al parecer, con el tiempo y las condiciones necesarias, se transformaba en vida. O si queréis, con mediación sobrenatural, no es excluyente. Pero a nivel atómico, una piedra y yo somos iguales. La misma materia que estaba en una estrella forma parte de mi cuerpo. Entonces, ¿qué nos distingue? Dos cosas: una) sentimos. Dos) tenemos consciencia de nosotros mismos. Al menos los seres con inteligencia en cierto desarrollo. Por tanto, aunque sean robots, entendidos como "mecanismos", no son diferentes a los mecanismos biológicos que nos componen a nosotros. Luego si sienten y tienen conciencia de sí mismos, ese puñetero parque NO es lícito. Es una atrocidad".

Tal respuesta debió de bastar a mi pensamiento que se desvaneció hasta que otra idea me vino a la mente muchos kilómetros después.

"¿Y si no sienten? ¿Y si sólo representan que sienten? Entonces el parque sería un engaño. Y seguiría sin ser moralmente aceptable, pero no estarían vivos. Luego.. la clave es que son seres que sienten".

Y ahí me he quedado.


¿Creéis que la vida ... se basa en la sensibilidad? ¿Algo vivo es algo sensible? 
¿¿??
¿Qué es sentir? Pensadlo por un instante. Somos... estamos diseñados para tener unas respuestas.  ¿Y si esas respuestas son algo común a toda la vida? ¿Llamamos vida a seres simplemente que sienten? Me refiero a ¿un marciano y yo sentiremos igual? ¿¿??

Y ya por ser más ... reflexiva, ¿habrá vida que no sienta? ¿? 

Y llegamos a Osaka (Cuanderno de Viaje Japón 2 parte)



Llegué a Japón el 10 de abril de 2018. Tras pasar 4 controles en Catai, es decir, en China. Llegar hasta el exótico Japón era realizar ese gran viaje que siempre quieres hacer pero que no haces porque piensas que está bastante fuera de tu alcance (¡cómo vas a lograr tus deseos!), así que cuando llegamos al hotel, pensé: "¡Ya estoy aquí!". Y me lo repetí varias veces.

Sabía que el castillo de Osaka era "pequeñito" (si lo comparáis con Versalles y esas otras Cortes Europeas) pero lo que no sabía era lo de los cerezos. Para empezar, no dan fruta. Hay un montón de variedades y resulta que valoran más los de flor de pétalo simple. Yo pensé, al ver aquellas bolas rosas tan...alegres, que cuanto más esponjosa fuera la flor, mejor, pero no. La guía nos dijo: "los que más se aprecian ya han florecido, son de un sólo pétalo, ahora quedan los de pétalo doble" (en la imagen).

Una joven japonesa que un día se sentó a mi lado en un concierto de jazz porque no encontraba a sus amigos era de la ciudad de Osaka. Se puso a hablar conmigo y me contó que Osaka era parecida a Valencia. Yo miraba para ella pensando: "¿Y siendo de ese país tan extraño qué haces aquí?" y es gracioso porque ella miraba para mí, con una sonrisa que decía: "No sabes lo feliz que estoy de estar en España". Hablamos poco, quizá quince minutos, en inglés claro, qué otra cosa nos quedaba. Me enseñó que O gen ki des ka? era una fórmula demasiado cortés y que ellos decían Gen ki des o algo así, no me enteré de mucho. 


castillo de Osaka

Osaka tiene dos millones y medio de habitantes, aproximadamente.  Como no pudimos estar muchos días, casi no nos dio tiempo a verla. Dentro del castillo no se podían hacer fotos, pero tuvimos suerte porque al otro lado del río Okawa había un Museo de la Moneda o Casa de la Moneda y los jardines solo habrían gratuitamente una semana al año. Según dijo la guía no podíamos perder la oportunidad de ir a verlos. Así que tras visitar el castillo, ¡aprovechamos!

En cuanto a dónde cenar y comer, ¡sin duda en Dotonbori! ¡Esa zona de la ciudad está muy animada!



Es de lo más turístico porque el famoso cartel de caramelos delante del cuál todo el mundo se hace la foto de "he estado en Osaka" está allí. Se trata de una zona que rodea el río, llena de restaurantes, mercados y tiendas. ¡En Osaka abundan los mercados repletos de gente y con expositores de marisco a pie de calle! Así como los anuncios estrambóticos para que pases a cenar allí:
(he recortado la imagen para que no veáis las cabezas de los turistas y sus caras):


Si hay algo que llama la atención en Osaka es cómo la ciudad cambia de noche. De día se ven los rascacielos, el paisaje gris de hormigón y calles asfaltadas. Pero de noche, las vistas desde la misma ventana eran bien diferentes:


Fijáos qué ciudad. 

Vistas desde el castillo

Pero bueno, no me puedo entretener más en Osaka porque sino no contaría el resto del viaje. Al día siguiente salimos hacia..

Nara y Kyoto

Bien, esto es un ejemplo de cómo la vida siempre me trastoca los deseos porque... yo a Japón iba a ver Kyoto. Todo lo demás me daba igual, me dije, yo quería ver Kyoto. Y en Kyoto tuvimos un problema. Para empezar, visitamos Nara. Nara es ese bonito bosque de ciervos donde unos animales parecidos a Bambi se acercan para que los acaricies mientras los pétalos de cerezo caen armoniosamente a tu alrededor. Todo muy zen. Y cuando bajamos del autobús me encuentro con esto:

Los ciervos eran el "hermano hippy de Bambi". =0 Estaban despeluchados. Dormían como marmotas al sol pero eso sí, como compraras una bolsa de galletas para ciervos... entonces ya podías correr. Porque aquellos dulces animales apáticos se transformaban en las carpas hambrientas del Parque del Retiro. Se convertían en criaturas ansiosas e insaciables que te perseguían por todo el parque y, si osabas darle una galleta a uno y a otro no, ese otro te mordía (pensad que su cabeza está a la altura de vuestro culete) lo que pillara que venía siendo el trasero o, en mi caso, la cazadora que llevaba atada alrededor de la cintura. Todavía recuerdo el "clac!" de sus mandíbulas al cerrarse en torno a ella. Inquietante.



Aquello ya debería habernos dado una idea de que la jornada no iba a transcurrir tan plácidamente como una podía imaginar. Caminamos hasta el templo del gran Buda. El templo de Todaji. A cuya entrada había dos guardianes que me impresionaron mucho.

Continuara... 

Los dos guardianes tenían la boca cerrada y abierta. Y la guía nos dijo que uno decía AAA  y el otro OOMMM! algo así. Un sonido como oummm!!!! y que venía a significar que eran el inicio y el fin. A mí me recordaron al "muso" je je je. ¿Por qué? Pues ni idea. Me hizo gracia lo de que cada uno de ellos tuviera la boca en una posición. Su tamaño impresionaba bastante:


Para que os hagáis una idea, el pie era más grande que yo:



Detrás estaba el Templo Todaji. Antes de entrar, podías "purificarte" al estilo de templo sintoísta (cosa que hicimos) lavándote en un manantial con varios cuencos cuya ceremonia muy sencilla sigue un orden bastante hermoso. Y luego también podías poner ofrendas de incienso:



Cuando entras en el templo y ves el gran Buda impresiona un poco. Porque es enorme. A su lado, la figura tiene otra de un aprendiz o estudiante.




Tras la visita, dijimos adiós a los ciervos y nos dirigimos a Kyoto. Pero creo recordar que os había dicho que en esta parte del viaje tuvimos algún que otro problema...

¡¡adios, Nelly!!

El problema principal era el tiempo. Al llegar a Kyoto visitamos el castillo de Nijo. No voy a poner fotos por no extenderme demasiado. El castillo cerraba a las cuatro y media, y prácticamente llegamos a las tres y media, por lo que no tuvimos tiempo para verlo. Este sí era un castillo grande, se componía de varias estancias y llamaba la atención que aquella destinada a recibir al mensajero del emperador tenía dos alturas: el espacio superior para el mensajero y el espacio inferior para el Shogún. "¿Cómo?" pensé "¿¿El mayor poder de Japón inclinado ante un simple mensajero??" El guía se volvió para decirnos: "así se demostraba que aunque solo fuera un cartero del emperador, el emperador siempre estaba por encima del Shogún. Era algo ceremonial y simbólico". En ese castillo, el Shogún Tokugawa dijo a los daimios que devolvía el poder al emperador. "¿Y cómo se lo tomaron?, ¿bien?" pregunté al guía mirando la imagen reproducida con muñecos en una de las salas del castillo. "No, no bien" contestó "hubo guerra". "Oiga, ¿y esos símbolos de los kimonos justo en el cuello tienen algún significado?" El guía sonrió: "¡Ah, sí! Miren! ¿Ven ese pequeño círculo? ¡Es el símbolo de cada casa!". La verdad, estaban todos los maniquíes inclinados y el Shogún parecía decir: "Le devuelvo el poder al emperador!" y todos inclinados y felices pero se ve que no eran nada felices. ¡Jajajaja!

Luego intentamos sacar fotos al pabellón de oro o templo de Kinkakuji pero a esas alturas del viaje la gente estaba muy enfadada por la falta de tiempo en cada visita, y en mi caso también por la falta de espacio (sólo sentí el mismo agobio en uno de los viajes a Barcelona donde, literalmente, los turistas cortamos el tráfico de una calle).



 Tuve que levantar las manos sobre la marea de turistas que se empujaban contra las vallas del lago para hacer esta foto. Y luego, caminando por el bosque que rodea el Pabellón de Oro, tuve una pequeña revelación. Y es que tenía que calmarme un poco porque debido a la falta de tiempo en los jardines del castillo de Nijo y a la marea posterior de gente, estaba muy disgustada. Pero vino la brisa y me paré y toqué una hoja de un árbol del camino. Y entonces sopló otra corriente de aire y me di cuenta de lo maravilloso que era todo y lo enfadada que estaba yo. Y como el enfado estaba fastidiando la visita más ansiada y deseada desde que era niña. Ver Kyoto. Así que dejé que esa corriente me atravesara (como cuando notas la brisa cerca del mar) y se me pasó todo. A lo mejor me resigné, no sabría decirlo.

Al llegar a Kyoto, la marea de turistas no disminuía, al revés, era mayor. Esquivando gente llegamos hasta Gion, el famoso barrio de las geishas. El guía nos dijo: "No son geishas todas estas personas en kimono, solo son turistas. Ahora muy de moda venir a Kyoto a hacerse fotos en kimono. Muchos chinos, muchos japoneses. No geishas"

Sólo quedaban 200 geishas en Kyoto. Y en la calle había carteles que ponían: "Por favor, no tocar a las geishas. No tirar del kimono a las geishas".

Mirando aquellos carteles, se me cayó el alma a los pies. "No tirarles del kimono, no tocarles el obi..." Miré al guía:

- Cuando una geisha sale de la casa de té suele ir corriendo -dijo-. Muchas veces se tapan la cara.

Van corriendo porque las saturamos. Porque las persiguen. Porque en cuanto se asoman a la calle les hacen veinte mil fotos. Jo, qué pena me dio. ¿Dónde estaba la esencia? ¿Dónde lo que había ido a buscar a Japón? Allí no, desde luego. Procuré buscar una foto bonita de recuerdo y conseguí esta:



Sé que las imágenes son preciosas, pero no pude ver Kyoto. Esta foto pertenece a una calle que no era la principal del barrio, dado que la principal estaba abarrotada. Y estas personas no son geishas, simplemente, van vestidas con el traje tradicional. Aún así, estoy orgullosa de la fotografía, pero renuncié a ver lo que había venido a buscar. Lo mismo pasa en el pabellón de oro. Vosotros veis la imagen del edificio porque busqué el encuadre levantando la cámara a 2 metros de altura, pero la foto engaña mucho. Los codazos y empujones que había debajo para hacerse un selfie o sacarse una foto con toda la gente y el pabellón detrás no se ven. Es lo que tiene la fotografía, al final también cuentas una historia con una imagen pero (jejeje) el cerebro rellena los huecos.  Eso me encanta. Es un poco manipulador, pero me encanta.

Dejamos atrás Gion y volvimos al hotel. Al día siguiente hubo quien pudo ver el castillo imperial (Kyoto fue capital muchos años, por eso el Shogún tenía castillo también allí. El Shogún era listo y para que los daimios no se hicieran demasiado ricos, les obligó a ir a verlos una vez cada dos años). Y otros visitaron el Bosque de Bambú y el Templo de los mil toris. Bueno, no sé si son mil, pero seguro que lo conocéis por "Memorias de una Geisha". Es ese lugar con muchos toris rojos.

Yo no pude ir porque decidimos ir de excursión a....

Hiroshima y Miyayima

Continuará...

(pido paciencia para acabar esta entrada, a ver si entre hoy y mañana lo consigo jejejej) 


Esto es más difícil de lo que yo creía... (edito para añadir)

Como no tengo profesor, ni método de enseñanza alguno, solo se me ocurre intentarlo "a lo bestia". Es decir, yo quiero tocar una canción, aprendo la canción:



¡¡encontré un tutorial más fácil!!

https://www.youtube.com/watch?v=Puo55-puHfY


Hoy, cuando acabe el día, seguro que mi casa suena algo así:




^_^ y también empecé un curso de japonés on-line!!!!

***???

Tras un rato de intentar aclararme con Hisaishi... me puse a tocar sin más y alguien tiene que explicarme cómo sé tocar El himno de la Alegría sin partitura y sin saber las notas.  ¿¿????? y acto seguido dándole a las teclas porque sí me ha salido otra canción que también es famosa pero que no sé cuál es. Es música clásica.
A ver, ¿sé tocar el teclado y no lo sé? ¿¿?????
Porque la canción de la alegría me ha salido del tirón. ¿¿¿???
Supongo que no es difícil.. acertar.. de oído. ¿¿?? No, en serio, ... ha sido raro. 


Cuaderno de viaje: Tokyo (Japón) ¡Sí, habéis leído bien! ¡JAPÓN!



Voy a empezar por Tokyo porque es lo que tengo más reciente y porque la ciudad me ha impactado tanto que se merece dividir el cuaderno en 2 partes. Esta primera, para la antigua Edo y también para Osaka. La segunda parte será para Kyoto, Miyayima, Hiroshima, Hakone, Takayama, Gero y Nikko. 

El gran inconveniente de viajar de España a Japón son las horas de vuelo. Unas 18 aproximadamente, y por lo menos un transbordo en China, donde por cierto hicimos colas de 4 horas para pasar controles y controles, un poco más y no nos sobra tiempo para tomar el avión a Osaka. Por suerte íbamos con bastante margen.

Aunque no aterrizamos en Tokyo, como he dicho voy a empezar el cuaderno de viaje por aquí. Yo pensaba que la ciudad no me iba a gustar. Cuando alguien decía Tokyo me venía a la cabeza una macro ciudad, llena de edificios y con gente como sardinas en lata. Gente apiñada y si veis la foto del santuario Meiji en el parque que rodea el palacio imperial (arriba)... veis que hay bastante espacio. Fijaros en los suelos, Japón no tiene papeleras y no hay un solo papel en el suelo. Es... como si lo acabaran de limpiar. Tampoco hay boina de contaminación. La verdad es que resulta maravilloso caminar por calles con tanto civismo. Otra de las cosas que os van a llamar la atención es el número de trabajadores públicos que hay, destinados a decirte por donde caminar, señalar el tráfico, llamarte la atención si te asomas al andén para hacerle una foto al tren bala (no me pasó a mí, pero el vigilante se puso a tocar el silbato). Lo vigilan todo, lo ordenan todo. Y también tienen otra cosa especial: son los más educados del mundo, pero la firmeza del gesto cuando te saltas una norma... impresiona. Quiero decir que son como elegantes pero... no sé. A mí me dejan patidifusa. El idioma también es tremendo: tres abecedarios, el de kanji es Chino  (¡Toma ya! ¡No tienen escritura propia!) De ahí que un chino y un japonés puedan entenderse escribiendo pero no hablando. Es como si escribimos "gato" igual, pero yo digo "gato" y el chino dice "cat". Fijaros qué curioso, el punto común es la escritura. 

Su segundo abecedario es fonético y el tercero es katakana (empleado sólo para traducir nuestros nombres occidentales o palabras extranjeras). El fonético es hiragana (lo que empiezan a aprender los niños, es como el nuestro, sonidos que juntan palabras. Cuando yo descubrí eso me volví loca con tres o cuatro años, pasé un buen rato jugando a tener todos los conceptos del mundo sólo con nombrarlos. Por cierto, lo aprendí con Ra-na) Na-ra Na-na - Ra-na ¡¡Rana!! croak jajajajaj!!! Sí, bueno, imaginaos, era el mejor invento del mundo, garabatos en el papel hacían magia en mi cabeza porque visualizaba el significado. Y ya la segunda parte de la magia de la escritura es cuando puedes hacer que otro lo visualice.

Bien, sigamos. Llegamos a Tokyo, nos hospedamos en el hotel. Miramos la hora... vamos un poco justos de tiempo. ¿Qué hacemos?

 ¡¡El barrio friki!!

Akihabara

La calle "electrica". El paraíso del Otaku: allá que vamos con nuevos amigos hechos en el viaje. Entramos en una tienda y... mil millones de figuritas. Entramos en un pachinko (casa de juego japonesa, algo así como unos recreativos) y mil millones de figuritas y premios. Todo luces, neón, vitrinas, escaleras mecánicas, hileras y más hileras de productos: Goku, Bulma, Vegeta.. Evangelión, oh cielos, Evangelion.... unas figuritas preciosas, un comparador de robots de todas las épocas por su tamaño, llaveros, colgantes, peluches, totoros, ... y más, y más y más y más.




Tres tiendas. Nos dio tiempo a ver tres tiendas porque, de verdad, era algo que saturaba. Si Japón, en su entorno de gran ciudad, tiene algo impactante es la cantidad de estímulos visuales y sonoros que puedes tener en un metro cuadrado. Eso y que los baños se tiran de la cadena solos. 

Las figuras japonesas son bellísimas y están muy baratas. El muñequito de merchandising que en Madrid te vale 60 € aquí vale 18. A cambio, un kilo de manzanas en Madrid vale 3 € y aquí se vende la fruta por unidades y una manzana vale 2€. Un mango vale 10 €.  Yo escuchaba los precios y me daban ganas de reír. ¡Está todo cambiado! 

Para que os hagáis una idea 800 € son unos 100.000 yenes. Los yenes son como las pesetas antiguas. Nosotros en España teníamos una moneda que manejaba cantidades similares. Algo te costaba 2000 pesetas (un taxi) y aquí vale 2000 yenes.

Si quieres saber el precio aproximado de los billetes en relación a los euros, quita los dos últimos ceros. Un billete de 5000 yenes son unos 50 € (menos, unos 47 o 48) Para que te hagas una idea de lo que estás pagando por las cosas. Japón no es caro, al menos de vacaciones. Hay restaurantes fantásticos por 1000 yenes. O sea que comes por 9 € como en España, menú del día y a correr.

Al cabo de 3 tiendas frikis yo ya no podía más y buscamos un burguer japonés, jajajaja. Es que cuando lo vimos en la propia calle no pudimos resistirnos: salsa de teriyaki con queso en el whopper. Comimos fenomenal.

Al día siguiente teníamos una visita guiada. Es buena idea apuntarse a alguna excursión con guía. Aunque el metro es muy claro (está lleno de detalles geniales, por ejemplo, pone lo que se tarda entre estación y estación, pero te tienes que fijar mucho) puede asustar al principio por la barrera del idioma. Otra cosa: en las horas punta la gente entra aunque el vagón esté repleto. Me explico: ¿sabéis eso de un señor uniformado que empuja a los viajeros para que la gente quepa en el vagón? Pues es así. Ya no se ven (dijo la guía) pero cuando tomamos el metro esa tarde, ¡alucinamos! Es que literalmente está lleno pero te empujan igual hasta que todo el mundo va pegado a la espalda del otro. Por eso hay vagones para mujeres. La hora punta es entre las 17,30 y las 18:30 aprox. En Japón se come a las 12:30 y se cena a las 18:00 o 19:00 horas. Los restaurantes cierran a las 21:30. Por algún motivo extraño e inexplicable resulta que en España yo llevo el horario de comidas de Japón. Así que me daba igual (sí, sería feliz cenando a las 8 todos los días y soy de comer sobre las 13:00 horas, cosa que en España es bastante rara. La gente come a las 15:00 y cena a las 22:00)

El motivo quizá de esta aglomeración es que en Tokyo no te venden coche sino demuestras que tienes donde aparcarlo. Hay 69 millones de coches y 120 millones de personas. Y no tienen espacio. No usan el coche en Tokyo para ir a trabajar, no hace falta. Van en metro. Hay metros sin conductor, se cierran solas las puertas cada 50 segundos, ni más, ni menos, es todo automático. Pero la mayoría si tienen conductor.

La visita guiada comenzó en un bosque cerca del Palacio Imperial, donde hay un...

Santuario sintoísta Meiji. Dedicado al bisabuelo del emperador, que fue el que tomó el poder tras caer el último Shogún, o más bien tras cederlo. Tokugawa, seguro que os suena. Me leí la novela Shogún con 14 años pero en cuanto me sea posible la voy a releer de nuevo porque ahora va a ser muy especial. El emperador desciende de un dios sintoísta (una diosa, el sol) y siempre ha sido un símbolo en Japón al que reverenciaban todos (la diosa les trajo el arroz). Ahora bien, los señores feudales (daimíos) peleaban entre ellos, con sus samurais. Y al que era más poderoso el emperador le daba título de Shogún. En la práctica, el Shogún gobernaba Japón. Hubo tres familias... hasta que el último shogún devolvió el poder al emperador y entonces empezó el periodo Meiji. Tras la Segunda Guerra Mundial se decidió que el poder ya no fuera de una sola persona. Se escribió una constitución y el emperador pasó a ser lo que el rey de España: un símbolo. Se encarga de representar el país. Pero no toma decisiones. Los japoneses dicen que nacen sintoistas y mueren budistas porque su religión es ecléctica. El sintoismo adora la naturaleza y cree en ocho millones de dioses relativos a ella. No tienen libro escrito, no existe o no saben quién dio origen a esta religión. Cuando nace un niño van al santuario sinto a dar las gracias. Sin embargo, esta fe no habla de la muerte. Por ello, cuando mueren, toman como creencia el budismo que sí habla de lo que pasa al morir y del ciclo de renacer. Al ser creyentes de ambas cosas, aceptan celebrar la Navidad, por ejemplo. Aceptan la posibilidad de creer en varias cosas a la vez.





Esperar una ciudad abarrotada y encontrarme en medio de un bosque centenario de 120.000 cedros, azaleas y pinos japoneses (pino negro) fue una gran sorpresa. Y luego está esa puerta. Yo sé que si la miráis veis una puerta. Sí, impresionante, . En Japón hay muchos toris. Ahora yo os invito a que paséis por debajo. Porque ahí hay algo especial. Yo no sé si será la densidad de la madera.. el bosque o qué. Pero os aseguro que pasar por ahí es como si algo saludara a otro algo. Así me sentí yo. Más o menos, no lo tengo muy claro. Sé que no tiene mucho sentido. Tú pasas por ahí y se siente algo muy raro. De verdad, es como sentir algo fuera y dentro a la vez. Es extraño. Y tiene que ver con esa puerta porque me acerqué a ella y os digo que en esa madera hay algo. Ya sea su peso, ya sea otra cosa. Si te acercas a esa puerta se siente algo especial. 

Ninguno de los otros toris me produjo efecto alguno. Salvo ese.
Se nota que el bosque es muy antiguo. Y tiene mucha paz. A lo mejor eran los árboles.

Luego caminas hasta el santuario (foto que abre esta entrada) y allí hay un árbol de alcanfor que tenéis que ver. Está a un lado del lugar en el que se hacen las plegarias, haciendo esquina. Y yo no he visto cosa igual. Es el árbol más increíble, más... es que es como una esmeralda. De verdad, es perfecto. Es tan perfecto que en vez de poner foto, os invito a ir a verlo. Fijáos si debe de ser bonito. Es armonioso, es... maravilloso.

Siguiendo el rito sintoista de hacer una reverencia, dar dos palmadas, pedir un deseo y luego dos reverencias o algo así, pues pedí... ¡¡Ah, secreto!! jajaja! No, es broma: pedí bienestar y felicidad para todo el mundo, incluida yo.

Tras esto, fuimos al templo de Asakusa Kannon, que no me gustó. Por dos motivos: primero, estaba abarrotado. Segundo: es un mercado. Yo sé que esto es algo personal, pero... era como el rastro de Madrid. A todo el mundo le encantó, compramos cosas, está muy animado, pero yo me quedo con el sintoísta y el bosque. Eso sí, conseguí esta bella imagen:



De ahí fuimos a ...

Ginza. La milla de oro de Tokyo, el equivalente a la Calle Serrano de la capital nipona. Vimos un prototipo de Nissan que es algo impresionante. Muchas tiendas, mucho Prada, "mucho caro todo"... Que si aquí compra Brad Pitt, que si allí monta en el bus un jugador de fútbol y nadie le molesta porque en Japón somos muy respetuosos. Todo genial, pero a mí las tiendas no me interesan.

Allí acabó la visita y nos juntamos cuatro viajeros y decidimos... ir a Daiba.

Daiba es una isla artificial, donde los japoneses van a cenar, al cine, etc. Tiene una estatua de la Libertad de mentira y un muñeco Gundam de no sé cuantos metros. Poner "Gundam de Daiba" en google. Es... bueno, uno de esos muñecos. Era divertido compararlo con un Eva (de la serie Evangelion) y con los posteriores monstruos de distintas series: que si un Transformer mide 8 metros, que si un kaiju mide el doble...

Empezó a llover, nos metimos por una puerta y nos encontramos una exposición alucinante de coches antiguos, entre los que había un Delorean y alguna otra rareza:


Y cuando ya crees que es imposible llevarte más sorpresas, sales al exterior y de repente ves esto:



Y ahí te quedas ya con cara de idiota, estupefacta, pensando: ¿pero... pero Tokyo era así? ¿¿?? ¿Tokyo tiene estas vistas? Los cuatro que decidimos ir a Daiba no nos lo podíamos creer. ¡Qué bonito era todo!

Entre medias, los huecos libres del día, habíamos aprovechado para comer en los alrededores del mercado de pescado (el más grande del mundo, por lo visto, ¿y a que no sabéis? ¡la segunda lonja más grande es Madrid!!!!)

Y también el chaparrón nos hizo refugiarnos en un templo budista por pura casualidad y ver parte de una ceremonia.

Yo no esperaba que me gustara Tokyo. Y apenas han sido dos días en Tokyo lo que hemos pasado pero... tengo que reconocer que es una ciudad desconocida y amplia. Yo no esperaba una ciudad amplia. Fijaros que bahía. 

En fin, tras esto, llegará otra entrada con Osaka (mejor lo dejo para la segunda parte) y el resto del viaje.

Saludos !!! 
Oyasuminasai!!!

Extraña casualidad.


Llevo días dándole vueltas a la entrada pero no encontré la manera adecuada de escribirla hasta hoy:

La extraña casualidad.






El 10 de abril de 2010 entré a trabajar en mi empresa actual. Hace 8 años. Esta empresa ha sido y  es importante para mí porque ha influido mucho en mi vida (Personajes, historias, avance personal...). Hay personajes de libro que llevan los nombres de personas que se han cruzado conmigo en esta compañía. La primera y más inesperada, el apellido que sale en la portada de la novela que me publicó Espasa. Todo fue por una llamada de teléfono y porque me quedé mirando aquel apellido y pensé: "Qué bonito. Daría para una historia".  Y la historia surgió. Y la publicó un sello de Planeta. Siendo una escritora desconocida, publicar con la editorial Espasa era casi un sueño inalcanzable. 

El 9 de abril de 2018, por pura casualidad (8 años más tarde), tomé un avión para emprender un viaje especial. Algo con lo que llevaba soñando desde niña. Y cuyo "cuaderno de viaje" escribiré en breve. Es uno de esos proyectos que deseas pero convencida de que jamás lo lograrás. Me decía "ya, bueno, pero seguro que nunca lo conseguiré..." Como esas cosas que deseas pero casi pensando que es imposible. El hecho de que se volviera posible me puso de los nervios la semana anterior. Aprendí mucho.

El 8 de abril de 2018 llegó un e-mail del editor diciéndome: ¡¡Aquí está tu nuevo libro!! ¡¡Irlanda Mágica!! Lo que me hizo gran ilusión. Mucha, muuucha ilusión.

Cuando abrí el facebook, que había dejado unos meses abandonado, para publicar dicha portada (me refiero al facebook personal, no el otro, el otro aún lo tengo que actualizarrrr!!!) me quedé un poco perpleja contemplando la pantalla:

"Comparte tus recuerdos. 9 de abril de 2015: ¡¡¡¡lo he conseguido!!! ¡¡Me han dado el puesto!!! ¡¡¡Lo he logrado, qué contenta estoy!!!"

Fue el día en que, tras un duro proceso, decidí publicar que me habían ascendido.

4 buenos... momentazos en las mismas fechas.

- Qué raro -me dije.

Tras unos segundos mirando la pantalla con la noticia del ascenso, pensé: "Naaah!!!!! ¡¡Menuda extraña casualidad!!"

Son cosas que pasan, supongo. Sin otro significado. Pero es curioso que tantos buenos acontecimientos se agrupen juntos. ¿No? 

Saludos!!!!



¡¡ Mi nuevo libro !!

¡¡Tachán!! ¡¡Ya está aquí!!

Mientras preparo una entrada que me va a llevar varios días, debido a lo apasionante y (¿épica?), no, esa no es la palabra...  Yo creo que es "minuciosa" (inusual) (irrepetible...). Todo es junto, quizá.  ^_^ Mientras preparo esa otra entrada, que igual se compone de varias,... ¡¡os dejo la portada de mi nuevo libro!!: 



¡Pronto en tiendas!
Edad recomendada: de 7 a 11 yo creo que estaría bien, pero es para todos los públicos. Incluso de 6 a 12, depende de lo aventureros que sean los lectores. Y para más mayores, también. 

Feliz semana !! 

El caso de la señora amable.


Me ha ocurrido una cosa hoy que me ha llamado la atención. Estaba en el super-mercado. Debo decir que iba "bastante apurada", pero sin darme cuenta. De hecho, me molestaron dos o tres personas, en especial dos, que obstaculizaban el camino. Casualmente, me las volví a encontrar en un pasillo estrecho. Estaba todo lleno de obstáculos.

"Anda, qué casualidad. Si son los mismos" me dije.

- Disculpeeen.... -dije, pero de nada servía "no me entienden" pensé. Bueno, "a lo mejor entienden el contexto y el tono de la palabra". Eso sí lo entendieron y yo crucé con mi pequeño carrito pero, aquí viene lo raro, al apartarme para dejar paso a un carro mayor que venía enfrente... tropecé con una señora.

De hecho, yo avancé sin dejar paso al carro más grande, porque era obvio que el carro, la pareja, mi cesta de ruedas y yo no cabíamos de ningún modo. Y en vez de ceder el paso, ya harta, aceleré, pasé, y me aparté para dejar paso al carro mayor. Y justo entonces tropecé. Más bien, nuestras espaldas se dieron y ambas... en fin.. jajaja, digamos que nos dimos espalda con espalda y ambas nos movimos un poco a causa del golpe.

Me giré, pensando "ya verás..." y entonces la señora dice:

- Ay, discúlpame. Lo siento muchísimo.

¿¿??
En ese tono de voz.



No estaba enfadada. Nos habíamos golpeado las dos. No ella a mí. De hecho, como llevaba una enorme silla de jardín o una bandeja plegada o algo en una caja...de forma plana... más que un golpe había sido como un movimiento sutil y acolchado. Y yo estaba segura de que nos dimos las dos. Ella y yo. De hecho, ambas nos dimos la vuelta. O sea que ... no sé, no entiendo bien lo que ha pasado. La he tenido que empujar como ella me ha empujado a mí. Nos hemos empujado sin querer con la espalda.

- Te pido disculpas, de verdad -añadió-. Lo lamento de corazón.

Sonreí. Y me di cuenta de yo que iba como... una loca impaciente por los pasillos (puede que desde fuera no lo pareciera pero... no sé, ese toque lo cambió todo). De hecho cuando me giré esperaba un gesto enfadado y... madre mía, ella no estaba enfadada en absoluto.

- No es nada, al revés -le dije (creo). A saber que farfullé. 


Caminé unos pasos con el mayor de los cuidados mientras mi mente, al llegar al siguiente pasillo me vino a decir algo pero sin palabras. Un "venga ya, deja de fingir"  y me aceleré mucho más y me reí para mis adentros. Sí, vale, tenía prisa (sin razón) pero procuré... ceder el paso. No tenía prisa, estaba enfadada porque había obstáculos en el camino.

Llegué a la caja. Rápidamente, identifiqué a la cajera más veloz. La conozco de otra anécdota. Siempre es amable. Elegí su cola. Y entonces oí a otro cajero decir: "Señora, esta caja está cerrada". A una persona con una planta y una flor roja.

- Casi no llevo nada... -dijo.

- Pero esta cerrada.

Y ahí estalló la tormenta. "Que venga el encargado" "cómo me hablas así". Mirando la escena, desde mi fila del super, pensé: "en algún lugar tiene que poner el tope" y como yo discuto con mi mente pero mi mente rara vez usa palabras, interiormente, añadí: "si a esa señora, a su hora de volver a casa, le dijeran, anda ven y me haces un informe, que es poco, seguramente se enfadaría" Mi mente contestó sin palabras: (...)  y yo le contesté a mi mente: "¡Pero es que no es la cantidad! ¡Es la norma!" (repliqué a mi pensamiento) "Vamos a ver, si es pura lógica, si él dice aquí se cierra, ¿qué hacemos si lleva poco, atenderla? ¿Y si el siguiente sólo lleva una barra de pan? ¿y entonces, se cierra en algún momento?"

Cabe destacar que esta línea de pensamiento a mi me alteró. Mientras tanto, la señora se puso en la fila de al lado, y de repente oigo:

- ¿Quiere usted pasar?

¿Adivináis?

Sí, era ella. La señora con la que yo había tropezado. Su voz cortó mi pensamiento.

Le cedía el paso.

¿¿??

Es decir, aquella buena mujer, con su mesa para flores o lo que sea que llevara entre las manos con una elegancia... y una manera de sostener el objeto que hacía pensar en un tesoro, le cedía el paso a la señora gritona que amenazaba dejar sin trabajo al cajero que le había dicho que "No". Y mientras una gritaba "que venga el encargado" y otra en la misma fila decía "tiene usted razón, qué mal la han tratado" y yo discutía con mi mente (sin palabras) diciéndome a mi misma: "¡Esa señora gritona no tiene razón y me dan ganas de explicarle la lógica irrefutable del asunto a ver si se entera!"... mientras todo esto pasaba... la señora elegante (no la imaginéis vestida de punto en blanco, era elegante su presencia) va y le ofrece su lugar en la cola.

Y entonces pensé observándola, ¿qué le pasará por la cabeza?

¿No le molesta el ruido y la discordia a su alrededor? 

Y luego me hizo gracia que ninguno de los presentes sabía de dónde venía esa señora, y que antes de cederle el paso a otra enfadada, se había chocado conmigo. Ninguno tenía ni idea de la tremenda paciencia y cortesía que demostraba. Me pregunté... en qué pensaría.

Y... decidí, de verdad, ser amable el resto del día, por lo amable que había sido ella.

Pero esto, claro, nadie de los presentes lo sabe. En realidad no ha sido más que una escena cotidiana de un supermercado.

Saludos!!! 


 

 

 

Creative Commons License
contador de visitas para blogger por paises